La ciberseguridad ha entrado en una fase crítica. Los reportes de inteligencia de amenazas de principios de 2026 confirman la existencia de "malware polimórfico impulsado por IA". Estos virus no tienen una firma fija; cambian su código cada vez que infectan un archivo para evitar ser detectados.
Ante esto, la única defensa viable es otra Inteligencia Artificial. Las empresas están desplegando agentes defensivos que no buscan firmas de virus, sino que monitorean anomalías en tiempo real. Si un proceso intenta cifrar archivos a una velocidad inhumana (típico del ransomware), la IA defensiva mata el proceso y aísla el equipo de la red en milisegundos, mucho antes de que un humano pueda ver la alerta.
Esta "guerra de algoritmos" eleva la barrera de entrada. Las PyMEs que no puedan costear seguridad basada en IA quedarán peligrosamente expuestas a ser daños colaterales en ataques masivos automatizados.